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“¿Qué
fue del color rosa? (veníamos tan bien…)”
El
arte (¿imposible?) de la convivencia.
La mayoría de la gente considera que en su vida está
fracasando si no encuentra un amor.Desde esa perspectiva podríamos concluir que
el amor es lo más preciado por la gente.Pero en realidad no es el amor lo que
el ser humano más desea, anhela…Lo que el ser humano más desea es la
libertad.No por nada en la inmensa mayoría de las naciones la mayor pena que
puede recibir un condenado es la quita de la libertad.A un culpable no se lo
condena no permitiéndole vivir en la ciudad que ama, o prohibiéndole
experimentar sus placeres, o alejándolo de su ser amado (de hecho se están
instaurando en las cárceles las “visitas sanitarias”)…No, nada de eso.Al ser
humano cuando se lo quiere penar, se le pega donde más le duele: Quitándole su
libertad.Y entiendo por libertad no solo poder caminar por la calle y opinar lo
que se quiera.Poner en práctica nuestra libertad implica desarrollar nuestro
Ser en todos sus aspectos.Por ejemplo, hay personas que eligen transcurrir la
mayor parte de su vida encerradas entre las paredes de sus casas.Y casi no
salen y no viajan, por más que puedan.Pero se sienten enteramente libres porque
desarrollan todos los gustos de su personalidad, ¡y muchas veces son más libres
que personas que andan viajando por los mejores lugares del planeta!.Podemos
tener todas las cosas que supuestamente dan felicidad, pero nada somos si no
tenemos libertad.
Bien, ¿a qué viene en este capítulo hablar de la
libertad?...El amor quita libertad…Y hablo de la libertad material.Es verdad-y
lo comprobé-que el amor nos hace sentir más libres espiritualmente hablando.Al
abrirnos a otra persona, nos conocemos más a nosotros mismos.Sabemos con más
profundidad que es lo que deseamos y lo que no.Eso es libertad…Pero hay otra libertad que yo llamo
material.Y es esa libertad que el amor, al convivir la pareja, cercena.Y
se siente que la falta de libertad material sofoca a la espiritual, porque no
podemos ir tras las cosas que esta-la espiritual-nos hace desear.¿Cuál es la
libertad material?...Tal vez a más de uno le parezca banal lo que enumeraré a
continuación, pero piensen que es por estos asuntos que la mayoría de las parejas
se rompen (en realidad estos asuntos tapan las verdaderas causas: Hastío por la
rutina, muerte del amor químico, el no aprender a soportarse…Mientras no se
llega a esos estadíos, los integrantes de la pareja suelen soportarse todo…)…La
libertad material se expresa en estas cosas…”Cuando no debo ir a trabajar, me
levanto cuando quiero”…”Limpio la casa en tal momento del día”…”Me gusta
escuchar esta música a tal volumen”…”Me gusta disponer los muebles así”…”No
concibo un fin de semana sin pasear aunque sea unos minutos por donde sea”…”Me
gusta entregarme horas a la lectura y que no me molesten”…”Si me junto con
alguien, nada de ir a comer seguido a lo de mis suegros”…”¿Alquilar?...Ni
loco.Tardaremos pero nos compraremos la casa”…”¿Colegio privado?.Una locura…Con
lo que cuestan”…”Por más que me haya gustado, ni en pedo repito el lugar de
vacaciones”…”Ni loco me iría a vivir a tal barrio”…”¿Departamento?...¡No!,
casa”…Y etc., etc., etc..Si dos personas desean llevar el amor a la
convivencia, obvio que deben ambas renunciar a muchos de los aspectos de su
libertad material.Sino se entraría en un egoísmo desmedido y así no hay pareja
viable.Pero sucede que muchos
humanos consideran que perder parte de su libertad material, equivale a perder
todo.”La libertad es completa, o no es”.Entonces cuando se convive,
cada uno renuncia a una parte importante de su libertad.Ya con esto se siente
pena.Pena por no poder más-mientras dure la pareja-desarrollar ciertos gustos,
comodidades y demás.Y obvio que esa pena no se esfuma por saber que el otro
integrante de la pareja también ha renunciado a ciertas cosas…Hasta aquí, con
tolerancia y racionalidad, todo puede funcionar, pero notemos algo
importante…Al perder parte de nuestra libertad, cambiamos.Nuestra personalidad,
nuestro carácter se modifica.Cambio, simplemente.Y fíjense que no digo ni
grande ni pequeño.Y ante todo, no digo cambio para bien ni para mal.Como ya
dije, cambio, simplemente cambiamos.Y así, la persona que tenemos enfrente, es
decir, nuestro ser amado, ya no nos encontrará como antes.Y, a pesar que ese
cambio tal vez fortalezca nuestras virtudes y empequeñezca nuestros defectos,
nuestra pareja nos encontrará “extraño” (ya murió el amor químico…).Y
sobrevendrá la anunciante frase…”No sé
que le pasa a José / Susana…Lo veo cambiado…No es la persona de la que me
enamoré”…¿Anunciante de qué?: De separación…Esto queda demostrado en
que durante los noviazgos (etapa del proceso químico) todo, a comparación de la
vida en convivencia, es “color de rosa”…Y todos coinciden en afirmar que los
problemas comienzan con la convivencia (en realidad a esto, si ya han pasado
los tres años, ayuda la desaparición del auténtico enamoramiento: El
químico)…Durante el noviazgo se expresa nuestra personalidad como realmente es,
porque nos sentimos enteramente libres ( o más libres que cuando convivimos).Y
ahí es cuando el amor es puro.Luego…
Con esto vemos que el amor provoca
una gran contradicción…El amor, luego de la libertad, es lo más deseado.Pero
por él-si se opta por convivir-se perjudica lo que en verdad más queremos: La
libertad.
Después de esto debemos
preguntarnos…¿Vale la pena convivir?...¿En aras de qué?...¿No es un amor
completo y/o puro si no se convive?...Todos coinciden en que la rutina mata al
amor.¿No es llamar a la rutina si se convive?...Hay parejas que se
mantienen como novios, eternamente.A veces conviven unos meses, y cuando la
cosa se pone tediosa, el huésped se va a su casa.Y luego nuevamente conviven y
así sucesivamente…Saben que estoy en contra de las recetas, pero quienes
experimentan esto dicen que así la pareja se puede salvar, porque se escapa de
la rutina…Y una pareja así es igualmente pura, porque la no convivencia no quita apoyar a la pareja en los malos
momentos.
Pienso que la convivencia acentúa el
vacío que provoca el desfallecimiento de la reacción química…
Muchas mujeres casadas me han dicho que con sus
parejas llevan adelante una buena convivencia, pero que lograr eso, ese sutil
equilibrio es tremendamente difícil.Y más difícil mantenerlo…Y lo dicen las
mujeres, que por instinto de procreación y “familieras”, son las que más
insisten con que la pareja solo es tal si se convive (al menos tienen fuerte
este deseo hasta la llegada del primer hijo…)
“El amor es ciego…¿La convivencia le devuelve la vista?”
George
Lichtenberg
“
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