lunes, 20 de agosto de 2012

Capítulo 4


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                               4
Sobre la naturaleza de las cosas II

¿Por qué, ante todo, a los hombres las mujeres nos entran por los ojos?

“¡¡¡Son unos degenerados que solo piensan en sexo!!!”

                                                                  Ellas.

Graciela tenía 21 años, y un cuerpo atractivo.También su rostro era bello, pero al mismo tiempo, no tan atractivo como su anatomía.Lo que hacía esto que los hombres no se detuvieran ni un segundo en sus facciones, sino en sus senos, culo y piernas.
A pesar que no estaba obsesionada por hacer que su cuerpo llegara a la perfección, se inscribió en un gimnasio.Al menos para mantenerlo en forma, pero ante todo como pasatiempo.
Había Graciela tenido en su vida dos hombres…El primero de ellos fue el típico noviecito de la adolescencia.Luego tuvo la otra relación, esta vez “seria”.Con proyectos a largo plazo, incluyendo un tiempo relativamente extenso de convivencia…Pero no funcionó.Así que cuando Graciela comenzó con sus idas al gimnasio, en el que mostraba sus atributos físicos, estaba sola…Y con ganas de encontrar al “amor de su vida”.
En los dos primeros días de visita al gimnasio no se cruzó con ningún hombre.Justo en ese horario las distintas máquinas eran trajinadas por mujeres…Pero en su tercera visita, sí…Había varios hombres, y para más la mayoría de ellos dentro del rango de su propia edad.A pesar que Graciela no ponía especial atención, notaba con facilidad como los varones la apuntaban con sus ojos a su cuerpo.En especial cuando estando en determinadas máquinas su humanidad adoptaba posturas por cierto eróticas…
En la siguiente visita, percibió que uno de los caballeros no disimulaba para nada sus miradas.Graciela encontró atractivo a aquel muchacho, de “veintipico” largos…Esa noche, no pasó nada más.
Graciela realmente se había sentido atraída por ese hombre…Lo había observado con atención y disimulo…Había captado, mientras él hablaba con otros hombres, que tenía una sonrisa que ella-como le comentaba a su amiga vía teléfono-catalogaba de “encantadora”…Graciela, en ese fin de semana en el que le habló a su amiga de él, se mostraba impaciente.Anhelaba que llegara ya el jueves para verlo otra vez y ver como fluía el asunto.No necesitaba esperanzarse en cuanto a que él apareciese en el gimnasio justo el jueves y a la misma hora: Con su fino oído había escuchado que él le decía a otro hombre que ese era su horario fijo para ejercitar su cuerpo…
Y llegó el jueves…Y las miradas de él hacia ella se repitieron…Y ella le devolvía el gesto…Y esa sonrisa que Graciela había clasificado de encantadora era ahora para ella, y en abundancia…De pronto él, aprovechando el vacío en la cinta al lado de Graciela, se acercó y comenzó a usarla…Nuevamente cruzaron sus miradas.Y nacieron las formalidades y preguntas lógicas y mutuas para tal situación…”¿Hace mucho que venís acá?”…”¿Qué edad tenés?”…”¿Dónde vivís?”…”¿De qué signo sos?”…”¿Cómo te llamás?”…”Un gusto”…”Nos vemos”…
Al jueves siguiente se repitió lo mismo, aunque con un diálogo más sustancioso, con el cual supieron más de sus gustos y personalidades…El le pidió el número de celular.Graciela gustosa le dio este y el de línea…
Graciela volvió a su casa flotando en el aire.Era indudable que la atracción era mutua…Gustavo-así se llamaba el galán-le parecía el reino de la virilidad…
Antes del Jueves Gustavo la llamó y la invitó a tomar algo para luego de la salida del gimnasio.Obvio, Graciela le dijo que no había ningún inconveniente.
La charla estuvo muy animada…Graciela dijo que su sueño era llegar a ser madre, y él le confesó que también quería tener un descendiente.Se presentó como un hombre responsable y trabajador…Graciela estaba encantada por todo esto y porque antes de ingresar al bar Gustavo le había comprado un pequeño y bello ramo de flores.”Un hombre enamorado”, pensó ella.
Para Graciela todo se confirmó ni bien salieron del bar: Bajo la estrellada y templada noche, Gustavo se decidió a acortar la escasa distancia entre los labios de ambos y le dio un apasionado beso.
-Aaayyy!!!...No sabés, Carli…¡Es un divino!.
-¿Sí?-, le preguntaba su amiga Carla, el viernes, en medio del living de Graciela.
-¡¡Sí!!...¡¡¡¡¡Aaaahhhh!!!!...Es resimpático…¿Qué se yo?...No sé…Como me habló…Se me ocurre que es reprotector…Y ¡cómo me mira!...
-Sí no te insinuó todavía nada para revolcarse, a pesar de que ya salieron, es que realmente siente algo por vos…Es decir, no te conoce mucho, pero ya le debés gustar en todo…¡¡Debe estar enamorado!!.
-¡¡¡Ayyy, síííí, lo mismo pensé!!-, gritó de alegría Graciela.

El sábado salieron por la noche.Restaurante, cine, besos.Nada más…
Gustavito no aguantaba más…
Al sábado siguiente, y tras la caballerosa insistencia de él, acordaron hacer el amor por primera vez.Fueron a un hotel de alojamiento.Allí, antes de hacerlo, Graciela sintió volar a su alma con las palabras que al oído él le había susurrado…Otra vez ella pensó lo mismo: “Un hombre enamorado”.
Al fin de semana siguiente, se repitió lo mismo.
En los días previos al nuevo jueves, hablaron con frecuencia por teléfono.Y ese jueves Graciela se encontró con la sorpresa de que Gustavo no asistió al gimnasio…Lo llamó a su celular y no obtuvo respuesta…Y así todos los días que siguieron.Parecía que a ese hombre enamorado se lo había tragado la tierra…Y se lo tragó no más…Graciela no supo más de él…
Acongojada vivió los días posteriores.Entendía Graciela que la relación había sido brevísima, pero bella y muy prometedora debido a las dulces, románticas y sensatas palabras de él.Encontró el apoyo de Carla.Y entre ambas trataban de encontrarle la vuelta al asunto.”¿Cómo un hombre tan atento y romántico fue capaz de desaparecer de esa forma?”.Graciela se preguntaba que error había cometido ella, que frase desafortunada habría tenido para ofender a Gustavo.

Durante los días del breve “romance” Gustavo tuvo bien al tanto de este a sus amigos.
”Conocí a una mina en un gimnasio”…”La encaré.Hacía un par de jueves que la veía, pero la verdad, hasta  el jueves anterior en la que la encaré, no me calentó.Pero bueno, pasó ese Jueves, una semana antes que la encarara, que la guacha se vino con unas calzas más ajustadas que nunca, y, ¿viste?, adoptó una posición en la máquina…¡¡¡Qué culo!!!, ¡¡¡por Dios!!!.¡¡¿Cómo no lo percibí antes?!!...Así que me acerqué…Puse carita, sonrisita…La mina, simpática…Pero, ¡¡el orto, el orto!!...¡¡Quería comérmelo!!...Me di cuenta que tenía que hacer, si bien no extenso, un trabajito fino, si no la perdía…Mejor dicho me perdía ese “pavito”…”Así que seguí muy caballero, romanticón, ramito de flores, palabritas.¡Imagínense!.Me dijo: “Mi sueño es ser madre”.Y le dije que a mí me gustaban los pibes…¡A mi!, ¡ja, ja!…Y logré que me entregara el culito…”Rico, ¿eh?...Pero la verdad…La mina bien, con cerebro, pero, ¿qué se yo?, en la cama medio sosa”…”Como no hay que juzgar enseguida a las personas, me dije de darle una segunda oportunidad…Y me la comí por segunda vez…Y, listo.No dio para más…Hay una en el laburo que está más fuerte y de tanto hablarle ya está medio entregada”…

Las mujeres se tienen que sacar de la cabeza que cuando las miramos es que estamos enamorados...Los hombres, aún mucho más que las mujeres, somos muy sexuales en el inicio...Cuando las miramos, no es que estemos ya enamorados ni que pensemos que serían excelentes compañeras...¡No!.Las miramos porque nos gusta el físico...Después, si comenzamos una relación, podremos o no enamorarnos...Los hombres miramos porque nos gustan físicamente y solo las imaginamos en la cama con nosotros.Y nada más...
Ante todo, en los inicios de la relación, lo que buscamos los hombres es sexo.Pura y exclusivamente, sexo... Y eso es instintivo.Y no tiene nada de malo.Cuando los hombres decimos que estamos comenzando a salir con una mujer, porque necesitamos compañía, y tenemos también ganas de entregarnos espiritualmente a esa mujer para protegerla...Mentira...Los hombres, por razones de instinto y antropológicas, somos en el inicio de las relaciones más sexuales que las mujeres.Obvio, que si no queremos perder la oportunidad-si vemos que la mujer viene cediendo poco en lo sexual-nos aguantaremos lo más que podamos hasta hacer el amor por primera vez con esa mujer, y nos haremos los románticos hasta llegar a ese punto...Pero solo estaremos disimulando.Una vez que se produce el primer encuentro sexual, y  hemos comprobado si nos sentimos a gusto, sí comenzaremos-si es que queremos una relación estable-a valorar lo espiritual de esa mujer, y, con el tiempo, podremos o no enamorarnos auténticamente.Pero todos los hombres cuando declaramos amor a una mujer, todos, incluso los que quieren una relación seria, no estamos pensando más que en lo sexual...Luego se verá, si nos sentimos muy a gusto en lo sexual, si invertimos nuestros sueños espirituales en esa mujer.
Los hombres, por más dulces y románticos que seamos en nuestras acciones-sobre todo al inicio de la relación-, solo estamos pensando en el primer encuentro sexual.Por eso nos mostramos así.Y aguantaremos lo más que podamos hasta llegar a hacer el amor.Luego de esto (o de más de un encuentro sexual), si no nos sentimos desilusionados en nuestras expectativas (que son puras ideas y responsabilidad nuestra) querremos seguir la relación y pasará a tallar de manera más importante lo espiritual (pero nunca más importante que lo sexual.Solo-si llega…-al mismo nivel)...Y luego de un tiempo relativamente largo, si la relación sigue, ahí realmente se podría hablar de amor.
Obvio que la mujer también tiene una buena “carga” sexual al inicio de la relación (de allí esa “hipócrita preocupación”, como la llamo yo, cuando se muestran alarmadas ante una posible presión por nuestra parte).Pero ese impulso sexual no es, al principio, tan profundo como en los hombres.Para la mayoría de las mujeres-o para las que quieren iniciar una relación con intenciones de “largo plazo”-tallan-por instinto-otras cosas que remiten más a lo espiritual y lo socioeconómico…Es verdad-lo he comprobado en carne propia y por historias de terceros-que a un gran número de mujeres-me animo a decir la mayoría-no les entra el hombre por lo físico, sino más por otros “valores” (obvio que lo físico cuenta también para ellas, pero frecuentemente en segunda instancia).Buscan “signos” (por como habla, se expresa, sus gestos, sus procederes, sus ideas…) que les digan a ellas que ese hombre es capaz de llegar a ser un gran, afectivo y fiel compañero, protector, excelente padre, “conductor” y, obvio, ante todo…“proveedor” (no solo esto último, sino también las anteriores virtudes mencionadas, nos remiten  otra vez al hombre prehistórico y al príncipe de los cuentitos).Una vez que comprueban eso (o creen comprobarlo), asunto que a veces puede llegar a demandar-creen ellas (estúpidamente)- tan solo unos minutos de charla-, el hombre que tienen enfrente puede resultarles tan buen mozo como Brad Pitt…, por más que sea más feo que un zorrino…

Ahora bien, acabo de explicar porque en las mujeres lo físico no pesa tanto-al primer contacto-como todo lo demás…Veamos porque-al menos en el inicio del vínculo-sí en los hombres…


Razón genética

Esta cuestión es muy simple…La naturaleza hizo y hace que el varón tenga mayor inclinación hacia la práctica sexual que la mujer… ¿Por qué esto es así?...La práctica sexual, el instinto sexual sirve, ante todo, en toda especie para la procreación.Dicho de otra manera, para la supervivencia de la especie.La única especie que también lo busca por placer es la humana, por su mayor inteligencia y capacidad de raciocinio (una variedad de chimpancé-la bonobo-soluciona rencillas o descomprime situaciones mediante la práctica sexual-incluso bisexual-, aunque no es exactamente lo mismo que “hacerlo por placer”.Pero igualmente tengamos en cuenta que con los chimpancés compartimos casi el 100% de los genes, y que ellos, luego de nosotros, son los animales más inteligentes).Ahora bien, ¿pero por qué el hombre es más “insistente” en lo sexual?…Recordemos, la cuestión es que la naturaleza nos creó el apetito sexual, tanto a hombres como a mujeres, ante todo como vía para la procreación-supervivencia de la especie…Les pregunto, ¿cuántas veces puede llegar a ser madre, a procrear una mujer?...Una cantidad muy finita, limitada…No hace falta explicar porqué…¿Cuántas veces puede llegar a  ser padre, a procrear el varón?...No quiero caer en la exageración de decir “infinita cantidad de veces”, pero por ahí andamos…Un hombre en un acto sexual puede embarazar, y al siguiente, si lo hace con otra, otra vez, y así sucesivamente…El instinto de procreación en el hombre funciona de distinta manera que en la mujer: Nos hace, por lo antes explicado, estar más “babeados” que ellas y por lo tanto buscar la práctica sexual de manera más profusa…El instinto siempre se dispara.”El instinto no sabe” que los hombres, a diferencia de los machos de las restantes especies, le hemos encontrado la vuelta para no embarazar siempre…Pero igual al instinto cedemos, porque, lógico, nos sigue gustando…


Razón antropológica

Nuevamente debemos ir hacia nuestra génesis: La prehistoria…Repasemos: El hombre era el único y casi exclusivo proveedor (salvo por la recolección de frutos que hacían las mujeres).En gran parte eso sigue sucediendo…Aquella era una tarea sumamente esforzada y arriesgada…Sabía que tal vez no volvería de su misión (obvio que entendían a la muerte menos de la que la entendemos hoy…).O, en el mejor de lo casos tal vez podía sufrir dolores inenarrables en su físico…También la tarea de caza le requería a los hombres un gran esfuerzo mental que le provocaba estrés, porque idear emboscadas-como bien lo hacían- les costaba como hoy le cuesta a un simple mortal entender de astrofísica sin haberla estudiado…Llegaba a su “hogar” extenuado físicamente, agotado mentalmente…Quería ya el “premio”, ansiaba una pronta y efectiva descarga mental y corporal…Y arremetía ni bien veía a su “compañera”.¡Y obviamente que la excusa de “me duele la cabeza” no existía!...Así, a lo bruto, a puro instinto y necesidad…Hoy así lo haríamos todos los hombres, pero la mujer de hoy-en parte por su hipocresía y en parte a su menor necesidad sexual-se “defiende” y debemos recurrir a artimañas como la seducción y otras artes que se han visto en el relato de Graciela y Gustavo.
En contraste, la mujer de la prehistoria  llevaba una vida más sosegada que el hombre y no tenía, por ende, la urgencia sexual de ellos…Y al igual que el materialismo practicado por las mujeres, que se les volvió instinto, lo mismo le ocurre al hombre con el deseo de una práctica sexual más insistente, abundante.
Las mujeres bien que-conciente o inconcientemente-saben esto.No me refiero al origen del deseo sexual más acentuado en el hombre, pero si en cuanto a que este lo tiene, y que por ende las mujeres comienzan a entrarnos por los ojos y no por el alma.O si no, ¿por qué las mujeres sueñan con tener un cuerpo “perfecto”?.¿Por qué desean mejorar sus tetas y sus culos?.¿Para que los mire quien?...Debido a esto, ellas deberían ser más comprensivas ante el mayor empuje sexual del hombre al inicio de la relación, y no romper tanto las bolas con la queja…¿Es creíble aquello de…?...”Yo no lo hago por los hombres…No voy al gimnasio para mejorar mi cola para ellos…Lo hago para sentirme bien, verme mejor yo”..¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.Ja, ja, ja, ja!!!!!!!!!!!...”Lo hago para que me quede bien la ropa”…Y yo les digo, ¿y por qué creen que la ropa está hecha pensando en calzar en culos y tetas lo más bellos y bellas posible?...Lo mismo hacen las hembras de otros animales, las cuales para atraer al macho, como ocurre en muchas aves, realzan su plumaje…

          
         
“Reality”, de Altuna


Y al mismo tiempo el varón-más allá de su mayor apetito sexual- debería ser más comprensivo con la mujer, cuando esta no desea hacerlo.Muchas veces la mujer, por temor a que discusiones por este tema desgasten el vínculo, accede a hacer el amor sin las más mínimas ganas, por lo que podríamos hablar de una cuasi violación (no se necesita de violencia para hablar de una violación sexual).Y además así la mujer es muy difícil que logre su orgasmo, lo que no es nada agradable que pase luego de tal esfuerzo.Y así, ese hábito de no “encontrar” su orgasmo, puede llevar a un “acostumbramiento” que produzca que la mujer no logre su clímax ni cuando hace el amor con todas las ganas…
Hay que conjugar, combinar ambos apetitos sexuales…Como siempre, un equilibrio.

Resumiendo…La mujer, en el comienzo de la relación, busca establecer, saber si el candidato es un hombre capaz de proveer, de proteger, de consolar, de abrazar, no solo física, sino ante todo espiritualmente…Desea saber lo más pronto posible si ese hombre es capaz de ser un buen padre de los hijos que tendrá o un buen compinche de los que ya tiene…
El hombre, por lo ya explicado, es esclavo de la presencia física de la mujer: Miramos su trasero, y ya queremos tenerlo.No tratamos de saber si esa mujer tiene más intelectualidad que un bebé…Miramos sus tetas, y ya las queremos morder, y no tratamos de dilucidar si será una buena madre de los posibles futuros hijos…Y así, sucesivamente…De sentirnos colmados en nuestras expectativas sexuales con ellas, luego si empezaremos a pensar en los ítems espirituales y sociales, tal vez tanto como lo piensan ellas al inicio de la relación.Tanto es esto así, que cuando la pasión decae por completo (como vimos en el capítulo 2), el hombre, salvo que se “enamore” de otra, seguirá al lado de esa mujer casi exclusivamente por lo sexual, debido a que cuando el hombre tiene un culo que se le entrega sin demasiadas vueltas bastante a menudo, da la vida (se podría decir que, al menos en la Argentina, el culo femenino es el principal formador de familias)…Y solo la dejará si se siente muy seguro en cuanto a una nueva conquista…O sí ya la hizo…



                                      “Es mejor que te calles.
                                        No me gusta invertir en quimeras.                                                                                                                                                                                                                          
                                        Me han traído hasta aquí tus caderas,
                                        no tu corazón.”

                                                            Joaquín Sabina     


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