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Sobre
la naturaleza de las cosas II
¿Por qué, ante todo, a los hombres las
mujeres nos entran por los ojos?
“¡¡¡Son unos degenerados que solo
piensan en sexo!!!”
Ellas.
Graciela
tenía 21 años, y un cuerpo atractivo.También su rostro era bello, pero al mismo
tiempo, no tan atractivo como su anatomía.Lo que hacía esto que los hombres no
se detuvieran ni un segundo en sus facciones, sino en sus senos, culo y
piernas.
A
pesar que no estaba obsesionada por hacer que su cuerpo llegara a la
perfección, se inscribió en un gimnasio.Al menos para mantenerlo en forma, pero
ante todo como pasatiempo.
Había
Graciela tenido en su vida dos hombres…El primero de ellos fue el típico
noviecito de la adolescencia.Luego tuvo la otra relación, esta vez “seria”.Con
proyectos a largo plazo, incluyendo un tiempo relativamente extenso de
convivencia…Pero no funcionó.Así que cuando Graciela comenzó con sus idas al
gimnasio, en el que mostraba sus atributos físicos, estaba sola…Y con ganas de
encontrar al “amor de su vida”.
En
los dos primeros días de visita al gimnasio no se cruzó con ningún hombre.Justo
en ese horario las distintas máquinas eran trajinadas por mujeres…Pero en su
tercera visita, sí…Había varios hombres, y para más la mayoría de ellos dentro
del rango de su propia edad.A pesar que Graciela no ponía especial atención,
notaba con facilidad como los varones la apuntaban con sus ojos a su cuerpo.En
especial cuando estando en determinadas máquinas su humanidad adoptaba posturas
por cierto eróticas…
En
la siguiente visita, percibió que uno de los caballeros no disimulaba para nada
sus miradas.Graciela encontró atractivo a aquel muchacho, de “veintipico”
largos…Esa noche, no pasó nada más.
Graciela
realmente se había sentido atraída por ese hombre…Lo había observado con
atención y disimulo…Había captado, mientras él hablaba con otros hombres, que
tenía una sonrisa que ella-como le comentaba a su amiga vía teléfono-catalogaba
de “encantadora”…Graciela, en ese fin de semana en el que le habló a su amiga
de él, se mostraba impaciente.Anhelaba que llegara ya el jueves para verlo otra
vez y ver como fluía el asunto.No necesitaba esperanzarse en cuanto a que él
apareciese en el gimnasio justo el jueves y a la misma hora: Con su fino oído
había escuchado que él le decía a otro hombre que ese era su horario fijo para
ejercitar su cuerpo…
Y
llegó el jueves…Y las miradas de él hacia ella se repitieron…Y ella le devolvía
el gesto…Y esa sonrisa que Graciela había clasificado de encantadora era ahora
para ella, y en abundancia…De pronto él, aprovechando el vacío en la cinta al
lado de Graciela, se acercó y comenzó a usarla…Nuevamente cruzaron sus
miradas.Y nacieron las formalidades y preguntas lógicas y mutuas para tal
situación…”¿Hace mucho que venís acá?”…”¿Qué edad tenés?”…”¿Dónde vivís?”…”¿De
qué signo sos?”…”¿Cómo te llamás?”…”Un gusto”…”Nos vemos”…
Al
jueves siguiente se repitió lo mismo, aunque con un diálogo más sustancioso,
con el cual supieron más de sus gustos y personalidades…El le pidió el número
de celular.Graciela gustosa le dio este y el de línea…
Graciela
volvió a su casa flotando en el aire.Era indudable que la atracción era
mutua…Gustavo-así se llamaba el galán-le parecía el reino de la virilidad…
Antes
del Jueves Gustavo la llamó y la invitó a tomar algo para luego de la salida
del gimnasio.Obvio, Graciela le dijo que no había ningún inconveniente.
La
charla estuvo muy animada…Graciela dijo que su sueño era llegar a ser madre, y
él le confesó que también quería tener un descendiente.Se presentó como un
hombre responsable y trabajador…Graciela estaba encantada por todo esto y
porque antes de ingresar al bar Gustavo le había comprado un pequeño y bello ramo
de flores.”Un hombre enamorado”, pensó ella.
Para
Graciela todo se confirmó ni bien salieron del bar: Bajo la estrellada y
templada noche, Gustavo se decidió a acortar la escasa distancia entre los
labios de ambos y le dio un apasionado beso.
-Aaayyy!!!...No
sabés, Carli…¡Es un divino!.
-¿Sí?-,
le preguntaba su amiga Carla, el viernes, en medio del living de Graciela.
-¡¡Sí!!...¡¡¡¡¡Aaaahhhh!!!!...Es
resimpático…¿Qué se yo?...No sé…Como me habló…Se me ocurre que es reprotector…Y
¡cómo me mira!...
-Sí
no te insinuó todavía nada para revolcarse, a pesar de que ya salieron, es que
realmente siente algo por vos…Es decir, no te conoce mucho, pero ya le debés
gustar en todo…¡¡Debe estar enamorado!!.
-¡¡¡Ayyy,
síííí, lo mismo pensé!!-, gritó de alegría Graciela.
El
sábado salieron por la noche.Restaurante, cine, besos.Nada más…
Gustavito
no aguantaba más…
Al
sábado siguiente, y tras la caballerosa insistencia de él, acordaron hacer el
amor por primera vez.Fueron a un hotel de alojamiento.Allí, antes de hacerlo,
Graciela sintió volar a su alma con las palabras que al oído él le había
susurrado…Otra vez ella pensó lo mismo: “Un hombre enamorado”.
Al
fin de semana siguiente, se repitió lo mismo.
En
los días previos al nuevo jueves, hablaron con frecuencia por teléfono.Y ese
jueves Graciela se encontró con la sorpresa de que Gustavo no asistió al
gimnasio…Lo llamó a su celular y no obtuvo respuesta…Y así todos los días que
siguieron.Parecía que a ese hombre enamorado se lo había tragado la tierra…Y se
lo tragó no más…Graciela no supo más de él…
Acongojada
vivió los días posteriores.Entendía Graciela que la relación había sido
brevísima, pero bella y muy prometedora debido a las dulces, románticas y
sensatas palabras de él.Encontró el apoyo de Carla.Y entre ambas trataban de
encontrarle la vuelta al asunto.”¿Cómo un hombre tan atento y romántico fue
capaz de desaparecer de esa forma?”.Graciela se preguntaba que error había
cometido ella, que frase desafortunada habría tenido para ofender a Gustavo.
Durante
los días del breve “romance” Gustavo tuvo bien al tanto de este a sus amigos.
”Conocí
a una mina en un gimnasio”…”La encaré.Hacía un par de jueves que la veía, pero
la verdad, hasta el jueves anterior en
la que la encaré, no me calentó.Pero bueno, pasó ese Jueves, una semana antes
que la encarara, que la guacha se vino con unas calzas más ajustadas que nunca,
y, ¿viste?, adoptó una posición en la máquina…¡¡¡Qué culo!!!, ¡¡¡por
Dios!!!.¡¡¿Cómo no lo percibí antes?!!...Así que me acerqué…Puse carita,
sonrisita…La mina, simpática…Pero, ¡¡el orto, el orto!!...¡¡Quería
comérmelo!!...Me di cuenta que tenía que hacer, si bien no extenso, un
trabajito fino, si no la perdía…Mejor dicho me perdía ese “pavito”…”Así
que seguí muy caballero, romanticón, ramito de flores, palabritas.¡Imagínense!.Me
dijo: “Mi sueño es ser madre”.Y le dije que a mí me gustaban los pibes…¡A mi!,
¡ja, ja!…Y logré que me entregara el culito…”Rico, ¿eh?...Pero la verdad…La
mina bien, con cerebro, pero, ¿qué se yo?, en la cama medio sosa”…”Como no hay
que juzgar enseguida a las personas, me dije de darle una segunda oportunidad…Y
me la comí por segunda vez…Y, listo.No dio para más…Hay una en el laburo que
está más fuerte y de tanto hablarle ya está medio entregada”…
Las
mujeres se tienen que sacar de la cabeza que cuando las miramos es que estamos
enamorados...Los hombres, aún mucho más que las mujeres, somos muy sexuales en el
inicio...Cuando las miramos, no es que estemos ya enamorados ni que pensemos
que serían excelentes compañeras...¡No!.Las miramos porque nos gusta el físico...Después,
si comenzamos una relación, podremos o no enamorarnos...Los hombres miramos porque nos
gustan físicamente y solo las imaginamos en la cama con nosotros.Y
nada más...
Ante
todo, en los inicios de la relación, lo que buscamos los hombres es sexo.Pura y
exclusivamente, sexo... Y eso es instintivo.Y no tiene nada de malo.Cuando los hombres decimos
que estamos comenzando a salir con una mujer, porque necesitamos compañía, y
tenemos también ganas de entregarnos espiritualmente a esa mujer para
protegerla...Mentira...Los hombres, por razones de instinto y antropológicas,
somos en el inicio de las relaciones más sexuales que las mujeres.Obvio, que si
no queremos perder la oportunidad-si vemos que la mujer viene cediendo poco en
lo sexual-nos aguantaremos lo más que podamos hasta hacer el amor por primera
vez con esa mujer, y nos haremos los románticos hasta llegar a ese punto...Pero
solo estaremos disimulando.Una vez que se produce el primer encuentro sexual, y hemos comprobado si nos sentimos a gusto, sí
comenzaremos-si es que queremos una relación estable-a valorar lo espiritual de
esa mujer, y, con el tiempo, podremos o no enamorarnos auténticamente.Pero todos
los hombres cuando declaramos amor a una mujer, todos, incluso los que quieren
una relación seria, no estamos pensando más que en lo sexual...Luego se verá,
si nos sentimos muy a gusto en lo sexual, si invertimos nuestros sueños
espirituales en esa mujer.
Los
hombres, por más dulces y románticos que seamos en nuestras acciones-sobre todo
al inicio de la relación-, solo estamos pensando en el primer encuentro
sexual.Por eso nos mostramos así.Y aguantaremos lo más que podamos hasta llegar
a hacer el amor.Luego de esto (o de más de un encuentro sexual), si no nos
sentimos desilusionados en nuestras expectativas (que son puras ideas y
responsabilidad nuestra) querremos seguir la relación y pasará a tallar de
manera más importante lo espiritual (pero nunca más importante que lo
sexual.Solo-si llega…-al mismo nivel)...Y luego de un tiempo relativamente
largo, si la relación sigue, ahí realmente se podría hablar de amor.
Obvio
que la mujer también tiene una buena “carga” sexual al inicio de la relación
(de allí esa “hipócrita preocupación”, como la llamo yo, cuando se muestran
alarmadas ante una posible presión por nuestra parte).Pero ese impulso sexual
no es, al principio, tan profundo como en los hombres.Para la mayoría de las
mujeres-o para las que quieren iniciar una relación con intenciones de “largo
plazo”-tallan-por instinto-otras cosas que remiten más a lo espiritual y lo
socioeconómico…Es verdad-lo he comprobado en carne propia y por historias de
terceros-que a un gran número de mujeres-me animo a decir la mayoría-no les
entra el hombre por lo físico, sino más por otros “valores” (obvio que lo
físico cuenta también para ellas, pero frecuentemente en segunda instancia).Buscan
“signos” (por como habla, se expresa, sus gestos, sus procederes, sus ideas…)
que les digan a ellas que ese hombre es capaz de llegar a ser un gran, afectivo
y fiel compañero, protector, excelente padre, “conductor” y, obvio, ante todo…“proveedor”
(no solo esto último, sino también las anteriores virtudes mencionadas, nos
remiten otra vez al hombre prehistórico
y al príncipe de los cuentitos).Una vez que comprueban eso (o creen
comprobarlo), asunto que a veces puede llegar a demandar-creen ellas
(estúpidamente)- tan solo unos minutos de charla-, el hombre que tienen
enfrente puede resultarles tan buen mozo como Brad Pitt…, por más que sea más
feo que un zorrino…
Ahora
bien, acabo de explicar porque en las mujeres lo físico no pesa tanto-al primer
contacto-como todo lo demás…Veamos porque-al menos en el inicio del vínculo-sí
en los hombres…
Razón genética
Esta
cuestión es muy simple…La naturaleza hizo y hace que el varón tenga mayor
inclinación hacia la práctica sexual que la mujer… ¿Por qué esto es así?...La
práctica sexual, el instinto sexual sirve, ante todo, en toda especie para la
procreación.Dicho de otra manera, para la supervivencia de la especie.La única
especie que también lo busca por placer es la humana, por su mayor inteligencia
y capacidad de raciocinio (una variedad de chimpancé-la bonobo-soluciona
rencillas o descomprime situaciones mediante la práctica sexual-incluso
bisexual-, aunque no es exactamente lo mismo que “hacerlo por placer”.Pero
igualmente tengamos en cuenta que con los chimpancés compartimos casi el 100%
de los genes, y que ellos, luego de nosotros, son los animales más
inteligentes).Ahora bien, ¿pero por qué el hombre es más “insistente” en lo
sexual?…Recordemos, la cuestión es que la naturaleza nos creó el apetito sexual, tanto a
hombres como a mujeres, ante todo como vía para la procreación-supervivencia de
la especie…Les pregunto, ¿cuántas veces puede llegar a ser madre, a procrear
una mujer?...Una cantidad muy finita, limitada…No hace falta explicar porqué…¿Cuántas
veces puede llegar a ser padre, a procrear
el varón?...No quiero caer en la exageración de decir “infinita cantidad de
veces”, pero por ahí andamos…Un hombre en un acto sexual puede embarazar, y al
siguiente, si lo hace con otra, otra vez, y así sucesivamente…El instinto de
procreación en el hombre funciona de distinta manera que en la mujer: Nos hace,
por lo antes explicado, estar más “babeados” que ellas y por lo tanto buscar la
práctica sexual de manera más profusa…El instinto siempre se dispara.”El
instinto no sabe” que los hombres, a diferencia de los machos de las restantes
especies, le hemos encontrado la vuelta para no embarazar siempre…Pero igual al
instinto cedemos, porque, lógico, nos sigue gustando…
Razón antropológica
Nuevamente
debemos ir hacia nuestra génesis: La prehistoria…Repasemos: El hombre era el
único y casi exclusivo proveedor (salvo por la recolección de frutos que hacían
las mujeres).En gran parte eso sigue sucediendo…Aquella era una tarea sumamente
esforzada y arriesgada…Sabía que tal vez no volvería de su misión (obvio que
entendían a la muerte menos de la que la entendemos hoy…).O, en el mejor de lo
casos tal vez podía sufrir dolores inenarrables en su físico…También la tarea
de caza le requería a los hombres un gran esfuerzo mental que le provocaba estrés,
porque idear emboscadas-como bien lo hacían- les costaba como hoy le cuesta a
un simple mortal entender de astrofísica sin haberla estudiado…Llegaba a su
“hogar” extenuado físicamente, agotado mentalmente…Quería ya el “premio”,
ansiaba una pronta y efectiva descarga mental y corporal…Y arremetía ni bien
veía a su “compañera”.¡Y obviamente que la excusa de “me duele la cabeza” no
existía!...Así, a lo bruto, a puro instinto y necesidad…Hoy así lo haríamos
todos los hombres, pero la mujer de hoy-en parte por su hipocresía y en parte a
su menor necesidad sexual-se “defiende” y debemos recurrir a artimañas como la
seducción y otras artes que se han visto en el relato de Graciela y Gustavo.
En
contraste, la mujer de la prehistoria llevaba una vida más sosegada que el hombre y
no tenía, por ende, la urgencia sexual de ellos…Y al igual que el materialismo
practicado por las mujeres, que se les volvió instinto, lo mismo le ocurre al
hombre con el deseo de una práctica sexual más insistente, abundante.
Las
mujeres bien que-conciente o inconcientemente-saben esto.No me refiero al
origen del deseo sexual más acentuado en el hombre, pero si en cuanto a que
este lo tiene, y que por ende las mujeres comienzan a entrarnos por los ojos y
no por el alma.O si no, ¿por qué las mujeres sueñan con tener un cuerpo
“perfecto”?.¿Por qué desean mejorar sus tetas y sus culos?.¿Para que los mire
quien?...Debido a esto, ellas deberían ser más comprensivas ante el mayor
empuje sexual del hombre al inicio de la relación, y no romper tanto las bolas
con la queja…¿Es creíble aquello de…?...”Yo no lo hago por los hombres…No voy
al gimnasio para mejorar mi cola para ellos…Lo hago para sentirme bien, verme
mejor yo”..¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡.Ja, ja, ja, ja!!!!!!!!!!!...”Lo hago para que me quede
bien la ropa”…Y yo les digo, ¿y por qué creen que la ropa está hecha pensando
en calzar en culos y tetas lo más bellos y bellas posible?...Lo mismo hacen las
hembras de otros animales, las cuales para atraer al macho, como ocurre en
muchas aves, realzan su plumaje…


“Reality”,
de Altuna
Y
al mismo tiempo el varón-más allá de su mayor apetito sexual- debería ser más
comprensivo con la mujer, cuando esta no desea hacerlo.Muchas veces la mujer,
por temor a que discusiones por este tema desgasten el vínculo, accede a hacer
el amor sin las más mínimas ganas, por lo que podríamos hablar de una cuasi
violación (no se necesita de violencia para hablar de una violación sexual).Y
además así la mujer es muy difícil que logre su orgasmo, lo que no es nada
agradable que pase luego de tal esfuerzo.Y así, ese hábito de no “encontrar” su
orgasmo, puede llevar a un “acostumbramiento” que produzca que la mujer no
logre su clímax ni cuando hace el amor con todas las ganas…
Hay
que conjugar, combinar ambos apetitos sexuales…Como siempre, un equilibrio.
Resumiendo…La
mujer, en el comienzo de la relación, busca establecer, saber si el candidato
es un hombre capaz de proveer, de proteger, de consolar, de abrazar, no solo
física, sino ante todo espiritualmente…Desea saber lo más pronto posible si ese
hombre es capaz de ser un buen padre de los hijos que tendrá o un buen
compinche de los que ya tiene…
El
hombre, por lo ya explicado, es esclavo de la presencia física de la mujer:
Miramos su trasero, y ya queremos tenerlo.No tratamos de saber si esa mujer
tiene más intelectualidad que un bebé…Miramos sus tetas, y ya las queremos
morder, y no tratamos de dilucidar si será una buena madre de los posibles
futuros hijos…Y así,
sucesivamente…De sentirnos colmados en nuestras expectativas sexuales con ellas,
luego si empezaremos a pensar en los ítems espirituales y sociales, tal vez
tanto como lo piensan ellas al inicio de la relación.Tanto es esto así, que
cuando la pasión decae por completo (como vimos en el capítulo 2), el hombre,
salvo que se “enamore” de otra, seguirá al lado de esa mujer casi
exclusivamente por lo sexual, debido a que cuando el hombre tiene un culo que
se le entrega sin demasiadas vueltas bastante a menudo, da la vida (se podría
decir que, al menos en la
Argentina , el culo femenino es el principal formador de
familias)…Y solo la dejará si se siente muy seguro en cuanto a una
nueva conquista…O sí ya la hizo…
“Es mejor
que te calles.
No me
gusta invertir en quimeras.
Me han
traído hasta aquí tus caderas,
no tu
corazón.”
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