ESTA OBRA ESTÁ REGISTRADA EN LA DIRECCIÓN NACIONAL DEL DERECHO DE AUTOR.LA COPIA Y/O POSTERIOR VENTA SIN AUTORIZACIÓN DEL AUTOR ESTÁ PENADA POR LA LEY.
2
Buscando
la perfección…
¿Adónde fue a parar el azúcar?
Susana
y Gerardo habían sido noviecitos…Cuando iniciaron la relación ella contaba con
15 años de edad y él con 16.Como es más que típico a esa edad, la relación
había comenzado para terminar con curiosidades que les carcomían el cerebro:
Como era besar-eso por parte de ella-, como era hacer el amor-eso por parte de
él…A fuerza de incontables besos y caricias y más de un encuentro sexual, ambos
habían saciado sus curiosidades…y calenturas, obvio…
No
obstante eso, la relación prosiguió armoniosa.Facilitada esa armonía porque,
como en la mayoría de las parejas retoño, no se abordaron temas existenciales:
Convivencia, economía, hijos, vivienda, etc…
La
relación iba creciendo en duración y en calidad, porque ya no solo se buscaban
corporalmente.Ya más de un encuentro era falto de abundantes besos y
penetraciones, porque entendían, tal vez sin percatarse, que no solo eso es lo
importante en la pareja.Que también hay algo que se llama “afecto”, por fuera
de lo sexual.Es decir una inclinación espiritual hacia el otro…Y por ello
empezaron a haber encuentros en los que predominaban la charla y las palabras
afectuosas, el tomarse de las manos, como todo contacto físico, más allá de
algunos besos.Es decir, simplemente compañía pura.Y tal vez, sin darse cuenta,
ellos no se alarmaban porque no se buscaran físicamente tanto como antes,
porque después de todo, aunque más raleada en el tiempo, la mitad sexual de la
relación seguía viva, y bien viva.
Llegando
al tercer año de relación, ambas familias bien conocían a las parejas de sus
respectivos hijos…Y, sinceramente, habían sido aceptados.
Viendo
esto ambos, y comprobando que la relación continuaba fresca tanto en lo sexual
como en lo espiritual, ya entrando en la veintena, comenzaron a trazar planes a
largo plazo para la pareja.Lo que incluía, “ya ir viendo”, el tema de convivir,
pero antes, obvio, la búsqueda del techo, buscar estabilidad laboral, etc.
Pero
poco antes de comenzar a trazar estos planes, el destino los alcanzó…El
destino, en este caso, tenía forma de mujer autoritaria: La madre de ella…Un
día esta empezó a encontrar “peros” en la relación de su hija con Gerardo…”Que
no es buen tipo, porque escuché que en su barrio no hablan maravillas de él”,
“que si bien tiene un buen trabajo me parece que es inestable, porque así son
los de Géminis”, “que Carlitos, el sobrino de mi amiga, es mejor para vos,
porque…”, y etc., etc…
Susana
era una chica muy susceptible e influenciable, a pesar de sus ya 20
años…Lógico, unos meses más de bombardeo de parte de su madre fueron suficientes
para que ella dejara a Gerardo, al que ya había catalogado de “amor de su
vida”…Susana en los primeros meses de soledad se sintió hondamente
triste.Con Gerardo todo, siempre, había marchado de maravillas.¡De
maravillas!.Ella se había sentido en esa relación como una princesita de cuento
de hadas.Gerardo había sido para con ella un caballero cabal.Tolerante,
paciente, respetuoso, trabajador, afectivo…y muy, pero muy, muy romántico.
Por
todo ello fue más que humanamente lógico que aquel muchacho llorara hasta la
última lágrima cuando comprobó que su amada Susana resultó ser una mujer de
carácter débil y que por la influencia y consejos de su madre había decidido
decirle que no iba más…
Susana,
como ya les dije, vivió los primeros meses de su vida “post-Gerardo” con
tristeza y amargura.Recordaba a cada momento los encuentros con Gerardo.Las
largas caminatas, regadas de bellas palabras y poesías de propia autoría de
Gerardo…Los fogosos encuentros sexuales en hoteles…Todo había sido
bellísimo.Pero, por su debilidad de carácter, toda esa belleza ya no estaba en
su vida, por lo que ella a Gerardo nada le echaba en cara.Por eso Susana en esos meses
de soledad no hizo más que caer en la cuenta que aquel hombre era perfecto para
ella, el ideal, “el amor de su vida” y que la larga vida que había comenzado a
proyectar junto a él hubiera sido un calco de la pasión sexual y espiritual del
noviazgo…
“El
tiempo todo lo cura”, se dice…Verdad o no, a los nueve meses de la ruptura,
Susana comenzó a interesarse en un nuevo hombre.Se sentía rebelde hacia su
madre, porque este muchacho no era uno de los candidatos propagandeados por su
progenitora…Y se juramentó que si esa nueva relación llegara a ir viento en
popa, las palabras de su madre no tendrían ningún peso…
Y
sí.Susana logró enamorar a aquel hombre llamado Javier…
La
relación, si bien no perfecta y romántica como la que había tenido con Gerardo,
era muy placentera y adulta.Por lo que Susana no dudó en casarse con Javier…Ya
tenía 23 años y había que “sentar cabeza”…
Al
año de convivencia, Susana, que no había dejado de recordar a Gerardo, se
percató de dos cosas: Que no dejaba de recordar a su ex, no solo porque lo
había amado y todo había sido perfecto, sino porque también lo seguía amando…,
y más que a su actual pareja.Y que, en verdad, había iniciado la relación y se
había casado con Javier por la simple y única razón…de demostrar rebeldía hacia
su madre…Susana nunca sintió hacia Javier el afecto necesario para considerarlo
“su” hombre…Así, a la larga, Susana produjo en Javier otra víctima de su amor…O
desamor.
Y
el destino la alcanzó por segunda vez…En el supermercado de la ciudad a la que
se había trasladado para convivir con Javier, vio que en el sector de
pescadería había un nuevo empleado: Gerardo…
Hizo
todo lo posible para que cada vez que ella iba al supermercado, él no la
viera…Pero bien que ella lo observaba…
A
partir de esos días Gerardo habitaba aún más que antes en su mente...Tanto que
masturbarse pensando en él llegó a ser algo cotidiano…Y esto comenzó a derrumbar
su matrimonio con Javier…Este un día la descubrió masturbándose en la cama…tan
solo unos minutos luego de tener relaciones…La excusa dada por ella no
convenció en lo más mínimo a su esposo.
Y
los pensamientos hacia Gerardo no solo eran eróticos.También se preguntaba como
hubiera sido su vida de haberse casado finalmente con él, con “el amor de su
vida”, con ese amor perfecto…”Y sí, hubiera sido una relación ideal.No veo
razón para que así no hubiera llegado a ser”.
Y
un día se presentó a Gerardo…
Se
narraron el uno al otro como habían sido sus vidas luego de la ruptura.
Susana,
tras tres encuentros furtivos, pensó confiadamente que Gerardo seguía siendo
aquel muchacho que ella conociera en su adolescencia…Dulce, respetuoso,
trabajador, romántico…
No
dudó.
Le
pidió el divorcio a Javier.
Enseguida
empezó la convivencia con Gerardo.
Y
sí…Ya en las primeras semanas de convivencia,
Susana comprobó que no se había equivocado en creer que Gerardo
continuaba siendo como aquel adolescente que la enamorara.Estaba ella muy
alegre.
La
relación continúa, y ya la podría yo catalogar de muy duradera.Pero dicha
relación terminó deviniendo en algo tremendamente monótono, que a Susana le
hace añorar hasta el infinito aquellos días, meses e incluso años del noviazgo
interrumpido…Gerardo, si bien continúa siendo un “buen tipo”, ya no es como
aquel adolescente ni como el hombre de los primeros años de la unión luego de
la ruptura.La vida “nos pasa por encima”…Y Susana nada le reprocha ni le
comenta.Ella se da cuenta que tampoco es la misma…Todo es denso, controlado,
nada espontáneo.Las sonrisas, por lo que uno le haga al otro buscando ese
efecto, son en general forzadas.Y provocar ese efecto en
el
otro, a cada uno le es un esfuerzo mental faraónico.Gerardo ya no le escribe
apasionadas poesías a ella, porque la última ella la leyó distraída, y él casi
no encontró inspiración y le resultó un hastío la tarea…Hacen el amor con menos
frecuencia-aunque aún estén lejos, y hasta lejísimo, de la ancianidad-y muchas
veces el placer que sienten ya no es nada especial y piensan que por lo tanto
lo podrían encontrar con otra persona…Siguen unidos.Y el amor queda remitido a
tres palabras: Respeto, apoyo y…aguante…Las brasas ya están cenicientas, aunque
teóricamente están todavía lejos de que “la muerte los separe”…
Me
viene a la mente una frase del genial Woody Allen…
“El
único amor romántico o perfecto es el incompleto”
El
nivel excelso es imposible mantenerlo en el tiempo…Toda relación nunca logrará
tener “ad eternum” el nivel de romanticismo y/o pasión que tuvo en sus primeros
meses o años, en el mejor de
los casos.Con el paso del tiempo, la relación amorosa-incluso habiendo un
auténtico afecto-deviene simplemente en un ejercicio en el que ambos aprenden a
soportarse (y si no lo hacen, viene la separación).Un ejercicio de
acostumbramiento.Y es por ese acostumbramiento, en el que nos sentimos muy
cómodos, que no tomamos el coraje de terminar con ese vínculo, sí es que
deseamos eso (según parece…cada vez lo desea más gente…).Y mucho no se quiere
pensar, porque si se recuerda lo que era el amor en los primeros años, todos
desearían renovar su vida iniciando una nueva relación o terminando con esa…Y
caemos así en aquel famoso dicho: “Más vale lo malo conocido, que lo bueno por
conocer”…Y no es que se siente precisamente que lo que se tiene es realmente
malo (a veces sí…), sino que el ser humano es un animal de
costumbres.Le cuestan muchos los cambios.Y no precisamente los que le
sobrevienen-como sería el deterioro de una relación-sino los cambios que él
mismo-aún cuando le conviene y desea-debe provocar.Por todo esto, cuando
afirmamos frente a una pareja de décadas de unión, que “los une un inmenso
amor”, debemos reflexionar si es eso realmente.Ya saben cual es el “pegamento”…Y
debemos preguntarnos también si las parejas que se separan, no son mucho más
sinceras y sensatas que las que no…
¿Pero
por qué ocurre esto?.¿Por qué la pasión no puede mantenerse largos años?...Es
solo la naturaleza del ser humano.El ser humano se cansa de todo.Hasta de
lo que dice amar con locura…Lo que más quiere, desea o admira no deja de
practicarlo ni buscarlo, pero cada vez lo irá buscando más espaciado en el
tiempo…Cómo aquella canción, que la escuchamos una
primera
vez, nos gustó, la grabamos y teníamos la sensación que hasta que nos
muriéramos la íbamos a escuchar por lo menos una vez por semana porque nos era
imprescindible…
Pero
la principal causa de todo esto tiene mucho que ver con algo que explicaré en
el capítulo 9…No lo olviden.
“Hace demasiados meses
que mis payasadas no provocan
tus ganas de reír.
No es que ya no me intereses,
pero el tiempo de los besos y el sudor
es
la hora de dormir.
Duele verte removiendo
la cajita de cenizas que el placer
tras de sí dejó.
Mal y tarde estoy cumpliendo
la
palabra que te di cuando juré
escribirte una canción.
Un
dios triste y envidioso
nos castigó
por trepar juntos al árbol
y
atracarnos con la flor de la pasión.
Por probar aquel sabor.
Ni
inocentes ni culpables.
Corazones que
desbroza el temporal.
Carne de cañón.
No
soy yo ni tu ni nadie,
son los dedos miserables
que le dan cuerda a mi reloj.
Y
no hay lágrimas que valgan
para volver a meternos
en el coche, donde
aquella
noche en pleno carnaval,
empecé a desnudarte.
El
agua apaga el fuego,
y al
ardor, los años.
Amor se llama el juego
en
el que un par de ciegos
juegan a hacerse daño”
Joaquín Sabina
“Día
tras día el amor se vuelve gris
como la piel de un moribundo.
Y
noche tras noche fingimos que todo está bien.
Pero tú te has enfriado
y
yo he envejecido.
Y ya nada nos moviliza ni
nos divierte…”
Roger Waters (Pink Floyd)
“Todo lo que termina, termina mal.
Poco a poco.
Y si no termina, se contamina.
Y eso se cubre de polvo”.
Andrés Calamaro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario